La única persona responsable de tu felicidad 2


Una de mis mejores amigas se va en dos días de viaje por cinco meses. Es la primera vez que se va tan lejos y tanto tiempo y no está ni un cuarto de lo nerviosa que estoy yo. Me voy a 1500km, sé adonde voy a llegar y ni siquiera me voy a estar moviendo tanto (voy a trabajar a un hostel por Workaway) y estoy totalmente sacada. Lo único que atiné a hacer para calmarme fue abrir la aplicación de meditación que tengo en el celular, escrolearle el inicio y cerrarla de nuevo…

Estoy racionando las idas al baño porque cada vez que me miro en el espejo lloro (de emoción y nervios).

Y mi capacidad digestiva está de paro.

Y es verdad que me está por venir, y es verdad que, en privado, soy bastante llorona, pero hay un motivo oculto que es más grande que todos los demás: no pensé que fuera a poder, posta. No creí que fuera a hacerlo.

No confiar en uno mismo es como la traición más sucia porque sos vos contra… vos. La mitad -fácil, capaz más también- de mí se moría de miedo por no poder volver a viajar sin Lean, tenía miedo de no animarme. Y, la otra mitad, en vez de ponerse las pilas, estaba ocupada criticando a la mitad cagona.

No sé qué parte de mí fue la que dejó a esas dos peleándose y se fue calladita a hacer su trabajo. Envió las solicitudes de Workaway, juntó algo de plata, preguntó lo que necesitaba saber, armó la mochila, y se sentó a leer, mirar mapas y soñar. Se lo agradezco.

Me costó muchos años, mucha terapia, muchas horas de silencio y reflexión y el novio encontrar adentro de mí a la persona que sienta el culo y hace lo que tiene que hacer sin esperar la lástima o la asistencia de otros, pero es lo mejor que me pudo pasar. Y acá va la historia de una idea que vino a mí una y otra vez durante los últimos tres años.

estas-mirando-la-cara-de-la-unica-persona-responsable-de-tu-felicidad-5Estás mirando la cara de la única persona responsable de tu felicidad.

En agosto de 2013, justo antes de salir de viaje con Lean, pasé unos días en la casa de esta amiga. Yo estaba paralizada de miedo, tenía pánico.

Una tarde, apareció esta frase escrita con fibra en el espejo del baño de lo de mi amiga. La había escrito su papá. Yo la recibí como una señal: dejé de lado el sentimiento de que estaba siendo egoísta al irme y traté de disfrutar el hecho de que estaba eligiendo lo que quería para mí.

Lamentablemente, había quienes salían lastimados en el proceso pero no podía (aunque lo hice por mucho tiempo) cargar esa culpa. Cada uno es responsable de su propia felicidad, y, con mi decisión, me estaba haciendo cargo de proveerme la mía. Había elegido viajar y lo iba a hacer con alguien que amaba mucho. Todo lo que me estaba pasando no solo era genial y un GRAN motivo para estar feliz, sino que me lo había conseguido yo.

Aun así, recién fue años después que entendí la frase con más profundidad (y capaz todavía me falta encontrarle una vuelta más). Muchas veces entendemos cosas, nos damos cuenta, nos armamos teorías, capaz hasta lo predicamos, pero eso no significa que no vayamos a hacernos mierda contra la misma piedra otra vez. Una cosa es entender en la teoría y otra es aplicar esas herramientas en nuestra experiencia. Te puede llevar años encontrarle la vuelta.

Muchas veces, cuando creía haber entendido algo y aun así volvía a cometer el mismo error, me castigaba por ser tan imperfecta o tan “tonta” (en realidad, pelotuda es la palabra: ¿cómo puedo ser tan pelotuda?(sic)). Pero solo estaba siendo demasiado exigente y dura conmigo.

Cuando te dicen que identificar el problema es el primer paso… es posta. Lo que le sigue a esa frase es que después vienen ocho mil pasos más en los que seguís identificando aristas del problema y probando soluciones, y fracasando muuuuchas veces más y eso no significa que estés en el camino incorrecto.

(Te volvés a equivocar de carrera, te volvés a equivocar creyendo que lo tuyo es estudiar una carrera, volvés a estar con un/a bolud@, con otr@, con otr@ más, volvés a perder plata, mucha plata, más plata, volvés a pegártela hasta quedar en blanco, a pegártela varias veces seguidas, volvés a tener un ataque de pánico, a dejarte medicar por los ataques de pánico, a seguir sometiéndote a la persona o situación que te genera los ataques de pánico aun estando medicada, te revolvés los bolsillos, desesperada, pero ya no buscando la plata sino la dignidad. Porque te había parecido que te quedaba más.)

Pero está muy bien. Porque, al final, cuando te sale bien UNA vez, ya ganaste. Es muy exigente esperar que te salga bien cada vez. Seguimos siendo imperfectos, y teniendo que aprender y rearmarnos y reinventarnos, y eso, en gran medida, es lo lindo del proceso.

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Van a venir más errores, más pruebas, más éxitos… te vas a dar cuenta de que siempre vas a tener que estar un poquito alerta para no meter la pata en lo mismo de nuevo, conocer tus puntos débiles… Pero está todo bien porque ya dejaste de ser pelotuda hace rato. Quizás en el preciso momento en que decidiste no mirar más para otro lado y hacer algo al respecto.

Hace unas semanas, mientras me lavaba las manos, miré de nuevo la frase en el espejo (sigue ahí), y saqué otra foto, tres años después.

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Lástima que en la primera no le saqué a mi cara. Hubiera estado bueno hacer un antes y un después. Aunque, de hecho, le encontré una explicación muy psicológica a no haber salido. Se ve que hasta tal punto no quería hacerme cargo de conseguirme mi propia felicidad que no di la cara ni en la foto.

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Una última cosa. Me siento un poco ridícula contando esto pero ya fue: hace unos meses, antes de irme a dormir, me miro en el espejo del cuarto antes de apagar la luz y me sonrío.

estas-mirando-la-cara-de-la-unica-persona-responsable-de-tu-felicidad-4Sep. Es algo más o menos así.
[Como ven, este proyecto estaba formado por dos personas: una con sentido común a la hora de elegir qué publicar y otra persona. Adivinen cuál se fue]

Hace un par de noches, mientras hacía este ¿ritual? recordé esa frase y conecté las dos cosas. Y me dije es esto (a modo de “eureka” o “yastá”, ¿se entiende?). Amaba que la última sonrisa que veía antes de dormir fuera la de Lean. Después sufrí mucho tiempo porque ya no estaba. Y, un día, me di cuenta de que la podía hacer yo. No, no, de que la tenía que hacer yo. 🙂

 


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2 Comentarios en “La única persona responsable de tu felicidad