La tostada cae del lado del dulce


La tostada cae del lado del dulce

Título 1: Esas, las peores

Este es un aviso de una amiga. Porque yo soy una amiga. Quizás no me conozcas, quizás no volvamos a hablar, pero, hoy, soy tu amiga.

Y el aviso que trae esta amiga es que, además de muchas cosas buenas, te van a pasar muchas cosas malas en la vida. Algunas van a ser muy malas. Algunas van a ser tan malas que vas a sentir que sería más fácil morir. Sí, señora, así de malas. Y estarán las peores. Las peores serán aquellas muy, muy, pero muy malas que, además, no tengan sentido. No tengan razón, no tengan explicación.

Ahora, olvidá lo que acabo de decir. El aviso que trae esta amiga es que en la vida hay solo dos tipos de cosas: las buenas y las necesarias. No. Las buenas y los errores. No. Las buenas y las divinas (así como de dios, no lindas). No sé. No sé cuál es el aviso. Esto es lo único que sé:

Título 2: La tostada va a caer del lado del dulce

Hoy se tenía que caer la tostada al piso. Y tenía que ser del lado del dulce. Pude haber previsto la catástrofe cuando el termo implosionó al agregarle el agua hirviendo, pero decidí tomarlo como un caso aislado. De hecho, tal vez fue un caso aislado. Por el momento voy a decidir que lo del termo no tuvo nada que ver con la tostada.

Fíjense que digo “se tenía” no “se me tenía”. Cuando cosas como estas suceden (en adelante prefiero no seguir repitiendo que se me cayó la tostada del lado del dulce porque es algo muy terrible como para franelear con ello toda la hoja) es esencial el distanciamiento. No es desapego, no es “impersonalizarlo”, es sentarlo lejos de nuestro banco, si es posible en el centro del salón, para poder observarlo en contexto y desde todos los ángulos, pero a una distancia en que no pueda tocarnos. Especialmente al principio. Más adelante sí nos lo podremos agarrar, golpearlo, retorcerlo, desarmarlo, comérnoslo (esto último solo si vamos a cagarlo después), tomarle las manos, soltárselas, mirarlo a los ojos y, finalmente, ver a través de él. Entonces, por ahora -el principio- vamos a sentarlo lejos con el “se tenía”.

Mientras se queda ahí sentadito hay un par de factores a los que mi memoria quisiera regresar y mis manos plasmarlos acá para que queden en algún lugar fijo y no molesten más en la cabeza, que es, finalmente, el motivo por el que muchos escribimos. El primero sería la implosión del termo si no hubiera decidido ya que no va a participar en esta historia como agravante. Entonces pasemos directamente al primero (segundo, si se quiere, depende de cómo se sientan ustedes respecto del termo). El plato, que es cuadrado, lo apoyé en el borde de mi escritorio. Al lado de la computadora donde estoy escribiendo y cerca de mi mano derecha para comer. (Siempre tomo mate y como mientras escribo. De allí que o coma mucho o escriba poco. Depende de la época del año y el nivel de ansiolíticos). Como decía, la base del plato estaba en el aire. Quedó medio plato apoyado sobre la espiral de un cuaderno, y el otro borde del plato se trabó contra uno de los caños del escritorio.

Ahora, después de la catástrofe, si toco uno de los bordes del plato lo puedo ver vacilar violentamente en el aire. Pero sería discutible que esto haya tenido que ver o no con el episodio de la tostada. Creo que, en lo práctico, no, pero sí en lo que respecta a coherencia de un determinado estilo de vida. La conciencia de esto último quisiera agradecérsela a mi expareja que, durante años, insistió en la necesidad de aumentar mi autocrítica y ordenar los caos de mi existencia. Un segundo (o tercer) aspecto a considerar sería que suelo no mirar la comida que agarro mientras escribo en la computadora. En mi defensa, quisiera agregar que, estadísticamente, esto no representa problemas. No solo la dinámica suele fluir, sino que, y principalmente gracias a que soy ambidiestra, es notable la optimización de tiempo que se produce.

Mientras escribo sobre esto voy recordando, y quizás llegando a la raíz de la catástrofe -o no-, que esta tostada (la que… ustedes saben) la tomé con la mano izquierda. Porque todavía no estaba escribiendo (como no había sucedido, no tenía qué) sino que solo aguardaba que se encienda la computadora. Y quizás fuera porque el pan estaba demasiado tostado (tercero o cuarto motivo) que se produjo una grieta en el centro -transversalmente- y la mitad -sin dulce- fue a parar al piso. La otra mitad (que quedó sosteniendo la mitad de manteca y dulce de la otra en el aire) permanecía en mi mano izquierda, y tal vez hubiera seguido así a no ser por mi espasmo -causado por la adrenalina del momento, más -si se quiere- la ya anterior inquietud y alerta de espíritu por la implosión del termo-, que hizo, con un movimiento involuntario, leve seco breve hacia arriba, volar la tostada por el aire.

[Entenderé si, en este momento, algunas personas sensibles deciden no continuar la lectura. Lo que sigue es solo apto para valien-inconcientes -al nivel de hacer dedo, comer insectos vivos o tener sexo con desconocidos-].

Mi mano derecha entró en acción y subió veloz para atrapar la tostada en el aire, que ya bajaba en picada, y se estrelló de frente contra ella. La palma quedó untada en una perfección inversa -como Emma Watson desnuda haciendo la vertical- contra el lado del dulce y la manteca. Ante el horror del impacto, esta mano experimentó el espasmo involuntario que su hermana un instante antes, e hizo volar la tostada de vuelta a la mano izquierda, que estaba lista para agarrarla.

Resumidamente, en pocos segundos el panorama de mi vida, hasta ese momento imbuida por un sopor matinal de brisita y yoga -siempre que no contemos lo del termo-, se convirtió en esto:

Media tostada en el piso, una gota de mermelada en el pantalón, media tostada sobre la palma izquierda, dos finas capas -una de manteca y una de dulce- sobre la palma derecha.

Me reservo para mí los detalles de cómo procedí luego. Solo voy a expresar la moraleja en pocas palabras:

Unté ambas mitades (sí, la del piso también) deslizándolas suavemente sobre mi mano y luego lamí los restos de dulce de mi mano derecha (sí, las chorreaduras por entre los dedos también).

Están avisados.

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