Housesitting: como viajar en Buenos Aires


[Pido perdón por la calidad de la mayoría de las fotos pero son del celular. La cámara está de licencia para descansar en Buenos Aires]

Estoy haciendo Housesitting. Dogsitting en realidad.

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A fines de septiembre vi un anuncio en Couchsurfing de un señor que buscaba alguien que le cuide perros y casa en capital urgente y lo contacté. Nos conocimos al otro día, y al siguiente me encontré armando la mochila para mudarme a su casa. En pocos días me enseñó la rutina de los perros y se fue de viaje por dos meses.

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Ni ahí pensé que iba a volver a armar la mochila tan pronto! 🙂

Por primera vez vivo sola y en capital, o sea, en el centro de Buenos Aires. En pleno centro, justo atrás del Congreso.

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Esa parte me da como una emoción. A la mañana abro la puerta ventana del balcón en pijama -es decir, la ropa vieja de turno- y con el mate, y miro el edificio con ese estilo todo excedido y los tipos entrajetados que salen a fumar al estacionamiento, al lado de la basura, y pienso que ahí es donde todo sucede. ¿Qué sucede? No, no tengo idea, pero es ahí, a cincuenta metros de mi ventana.

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El edificio donde vivo tiene, según la vecina, más de cien años, y hay varios parecidos en la manzana. Los construían para los senadores que venían a vivir desde las otras provincias. El departamento es muy amplio y tiene estas puertas vidriadas altísimas, y techos también elevados que le dan un aire de casa más que de departamento. Aparte entra mucha luz por el “pulmón” del centro. Los pisos son unas cerámicas antiguas que no parecen combinar entre sí pero quedan bien juntos.

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Claro que los ruidos me devuelven a la realidad de que estoy en el corazón de Buenos Aires -o, como mínimo, en el pulmón izquierdo-. Y me encanta. Ansiaba la locura, las aglomeraciones de gente, el cemento, la cultura, la noche, los ruidos, la gran ciudad. Me da miedo pero me entusiasma.

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Si alguien recuerda a Sheep en la gran ciudad sabrá exactamente cómo me siento.

El motor ruidoso de cada 12 y 37 que pasan por la puerta, el contrabajo -adorable- que toca el vecino de arriba, la música del boliche de al lado el fin de semana, unos platos que entran y salen del microondas en la planta baja diez cuarenta y cinco de la noche sin excepción, los cantos, bombos y estruendos los días de marchas -casi todos- y los ronquidos del gordito de abajo -lo juro-.

Aparte, que haya dos perros la hace más casa. Es como cuando estás viajando y ningún lugar donde vivís es tu hogar a menos que vos lo decidas y entonces todos pueden serlo. Aunque los perros son un caso. Bueno, el dueño lo es, y los perros y yo lo fumamos. No imaginé que hacer Housesitting iba a ser así pero, si lo pienso un poco, al igual que haciendo Couchsurfing, uno se mete en la casa de alguien y cada casa es -como mínimo- un mundo, entonces podría haberlo imaginado. Todo es posible, y cuando uno es viajero, todo TODO es posible. Esa es la magia que hace que viajar te abra la cabeza, porque te amigás con esa idea, lo aceptás, pero su lado oscuro es que no todo te gusta.

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Son veganos. Tengo un calendario compartido en Googledrive con su rutina diaria programada, y por cada evento me llega una alarma, una notificación y un mail. Primero media hora antes, y después en punto.

8:30am Desayuno Pam & Arthur

8:30am Pastilla del corazón Pam

9am Desayuno Pam & Arthur

9am Pastilla del corazón Pam

9am Caminata matinal Pam & Arthur

10am Paseador Arthur

12:30pm Paseador Arthur (vuelve de pasear)

13pm Caminata de mediodía Pam & Arthur

Ni sigo, ¿no?

Tienen dos horarios definidos para comer, y un vaso medidor para darles la cantidad exacta. Toman agua filtrada. Se bañan una vez a la semana. Usan botitas. Sí, señora, señor, leyó bien. Usan botitas.

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Y aunque parezcan globos no lo son. Al menos no cuestan lo mismo…

Más allá de que estos perros son de alto mantenimiento y hay gente menos intensa con sus mascotas, cuidarlos me hace darme cuenta de lo difícil que es para mí tener que ocuparme de alguien. Muchos viajeros dicen que al volver les parece todo igual, pero yo me encontré a dos de mis mejores amigas con nueve meses de embarazo: los primeros sobrinos del grupo. Fue muy fuerte. Ellas parece que se dan maña o incluso saben lo que hacen pero me veo y no tengo voluntad de tener bajo mi cargo a nadie más que yo. Amo a los animales y me encanta vivir con Arthur y Pam, pero la sensación de saber que tengo que volver a una hora determinada porque dos seres vivos dependen de mí y nadie más me da vértigo. Por supuesto que soy una exagerada, pero al final solo me gusta ocuparme de ellos porque me encanta vivir sola en un departamento en capital, es un precio que pago contenta. Pero sigo eligiendo viajar y que nada me ate.

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Tampoco es que vivo exactamente sola. Otro aspecto de mi trabajo acá es abrirle la puerta a quienes alquilan la habitación extra a través de Airbnb. Solo les abro, les muestro la casa y les explico las reglas básicas. Luego, cada uno hace la suya. Con algunos tengo más afinidad y con otros menos.

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También pago los servicios que llegan, llevo ropa de cama y toallas al lavadero y le pago al paseador y a la chica que viene a limpiar una vez a la semana.

Estoy atada con los horarios, pero es como me las arreglé para vivir en capital y seguir siendo dueña de gran parte de mi tiempo. Con lo que gano como freelancer no podría pagar un alquiler, y con un trabajo de ocho horas diarias en un cubículo todos los días no podría ser feliz.

Además, me parece una experiencia genial para cuando vuelva a viajar, ¿quién sabe si mis próximos viajes no van a ser con Dog o Housesitting? Es más tranquilo, más barato -solo gasto en mi comida porque no me muevo-, y vivir en un lugar durante varias semanas permite conocerlo a fondo.

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Se ve chiquito, ¿no?

Estoy disfrutando Buenos Aires casi por primera vez, como turista y como local. Aunque pasé los últimos dos años afuera, cuando salgo soy otra porteña. Pero después voy a comprarme comida por peso a dos cuadras y me voy caminando por Riombamba para el otro lado y me pierdo -sí, me sigue pasando-. Cuando salgo descubro la noche porteña como una extranjera. Me enamora toda su cultura vibrante, el entusiasmo de la gente y la calidad de su arte.

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Y los jacarandás floreciendo.

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Y el Congreso de noche. (Era la noche de los museos)

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Y la cantidad obscena de queso en una pizza de San Güerrín.

Por lo demás, y pesar de estar en la capital, resulta que todo es mucho más silencioso de lo que esperaba. Vivir sola me puso de cara al hecho de que estoy soltera otra vez. Acabé viniendo no solo a conocer la ciudad, sino también a mí.

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Momento de introspección en 3, 2, 1…

Al trabajar freelance, paso mucho tiempo en casa con la compu. Me encanta y en verdad es compatible conmigo, pero de viaje no notaba cuán solitario es porque conocía gente nueva todos los días. La empatía es mayor porque todos los viajeros estamos lejos de lo nuestro conocido: amigos, familia, lugares. Entonces es más fácil que los amigos surjan a diario. En la ciudad propia, la soledad se siente más. No es tan común hablar con cualquiera en cualquier momento como viajando. Además, me doy cuenta de que no dejé de ser tímida, sino que muchos de mis nuevos amigos durante el viaje se debían a lo sociable que es Lean.

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Igual estoy re bien sola.

Supongo que ese aislamiento es un aspecto de Housesitting, y, en ese sentido, no cambia demasiado que esté en mi propia ciudad, veo poco a la gente que conozco acá. No tanto porque estén lejos, sino porque -y esto lo había leído bastante en otros viajeros- en mis años de ausencia, todos formaron una rutina -la que casi todo el mundo tiene en Buenos Aires- a la que cuesta reintegrarse. Además, con mi trabajo sigo sin tener un horario convencional. Mis amigos quizás no pueden tomar mates un miércoles a las tres de la tarde, y para mí la idea de ir a un boliche un sábado a la noche es como que me inviten a bañarme con aceite hirviendo.

Igual un poco juego a estar sola, a ponerme a prueba, a enfrentarme a los miedos y la soledad. Cuando empiece a viajar de nuevo voy a ser solo yo, y esto es como un entrenamiento. Supongo que Housesitting tiene este ritmo muuuucho más tranquilo que otras formas de viajar. Los tiempos son más largos y solitarios. A la vez es una oportunidad interesante para buscar generar dinero, ya sea con un trabajo en el lugar o freelance.

Viajar así es una forma distinta de cualquier otra que haya hecho. No hay nadie mirando y te encontrás con “otro yo”. Y no digo que al hacer Couchsurfing no sea yo misma, pero uno siempre se guarda algo y trata más que nada de respetar el lugar y a la persona generosa que te lo está ofreciendo, pero hay un punto en el que cuesta relajarse.

En la casa hay una gran mesa de madera maciza y brillante. Que nunca uso. Como parada en la cocina, tirada en la cama o sentada sobre el lavarropas. Cuando vino una amiga y me descubrió dijo que le hacía acordar a este capítulo de la loca de mierda que dice algo como “poner la mesa no se puede hacer para menos que dos”. Y me hizo desayunar con ella en la mesa. Cuando se fue volví a la rutina del lavarropas. Sospecho que vivir sola es ser un poco ruin, y disfrutarlo.

A veces viajando -igual que no viajando- tenés ganas de quedarte en la cama, no hacer nada, mirar ochenta capítulos seguidos de una serie, estar en bolas o no hablar y se truncan bastante al estar en casa ajena. En un hostel seguramente no tengas nada de privacidad ni calma, y haciendo Couchsurfing es probable que venga el anfitrión para salir a comer, pasear, conocer algo. Y claro que se disfruta y se agradece, pero me encanta estar conviviendo un tiempo con mi soledad y no hacer nada más que lo que se me canta.

Si alguien se está adentrando, como yo, en el mundo Housesitting, la verdad es que no tengo una cuenta, esto lo conseguí por pura casualidad en una “discusión” sobre Buenos Aires en Couchsurfing -que siempre chusmeo para ver si hay cosas interesantes-.
Sé que hay muchas páginas para cuidar casas o mascotas como Trustedhousesitters, Nomador, Housecarers, Mindmyhouse y Housesitter. Yo todavía no me creé una cuenta en ninguna pero sé que suelen ser pagas -como Workaway-, así que piénsenselo bien pero denle una chance porque si les funciona terminan ahorrando dinero.
Todo lo que sé sobre este tema lo leí hace años en la guía de Caminomundos, que les recomiendo mirar si no saben de qué se trata. Lo gracioso es que no encuentro la guía en su blog entonces no puedo poner el link. Y en otro momento de mi vida, Lean me lo hubiera conseguido en cinco segundos para que el blog quede prolijito y correcto. -Pero así estamos-.

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