Guayana francesa: la Francia sudamericana 3


Admito que puedo ser bastante burra a veces. Pero en este caso, creo que no salgo del promedio si digo que antes de llegar a Guayana francesa no sabía nada, de nada del país. …¿País?

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (47)

El desembarco

Guayana francesa es un departamento francés de ultramar o, como a muchos franceses les gusta llamarle, el patio de atrás de Francia.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (1)

Originalmente poblada por diferentes tribus aborígenes, Guayana se convirtió en francesa en el siglo XVII. Muchos franceses se aventuraban desde la metrópoli en busca de fortunas fáciles, pero al llegar encontraban más bien condiciones de vida difíciles, y enfermedades tropicales. Fue recién por los inicios del siglo XIX en que Francia envió muchos africanos esclavizados a trabajar en cultivos, cuando la Guayana francesa se volvió un lugar próspero. Para los terratenientes, claro. Pero duró poco, ya que menos de cincuenta años después Francia abolió la esclavitud y los africanos se internaron en la selva para recuperar sus costumbres perdidas a miles de kilómetros de casa.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (10)

Hoy, la sociedad hace las pases con un “la República no hace más distinción entre la familia humana, y no excluye a nadie de su ‘libertad, igualdad, fraternidad'”.

Encontrar naturaleza no les costó. Un 90% del territorio del pseudo-país es Amazonía virgen. Allí se pueden encontrar casi 200 especies de mamíferos, más de 700 de aves, casi 500 de peces, y unas cuantas de brasileros buscando oro ilegalmente.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (36)

Selva en plena capital.

Actualmente

La población de Guayana francesa no supera las 300000 personas, en su mayoría “criollos”. Se llaman así los descendientes de las mezclas entre africanos -a los que traían esclavizados-, europeos y aborígenes de comunidades locales o de las pertenecientes a las islas caribeñas, a quienes los europeos también traían para realizar trabajos forzados.

Hoy, Guayana francesa se sostiene básicamente gracias a la caña de azúcar, la madera, a la producción para consumo local de otros alimentos como maíz, arroz, tapioca y ñame (la superficie cultivada es menos del 1% del territorio), la minería -se consigue oro y bauxita-, la pesca, la estación espacial -¡sí, tiene una!-, y -si no lo digo me carcome- las migajas que tira Francia.

Territorio francés en América latina

Ahora, la pregunta que no pude dejar de hacerme durante todo mi tiempo en este departamento, además de cómo puede ser que la panadería francesa sea tan rica, fue por qué a Francia le interesa este pobre, pequeño y olvidado hasta por los propios sudamericanos pedazo de tierra.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (11)

“Una temporada en Guayana” invitan las guías.

Bueno, como decimos con Lean, un supermercado puede decir mucho de un lugar. No nos gustan los centros comerciales, pero podemos pasar horas (en serio, horas) paseando por los pasillos de un supermercado. Siempre son distintos, aun cuando encontramos la misma empresa en diferentes países, los productos cambian, y siempre dicen muchísimo del lugar donde estamos. Guayana francesa no es la excepción. Para empezar, allí había Carrefour, un viejo conocido que no veíamos desde Argentina. Pero además, el súper estallaba de productos que extrañábamos bastante a precios que podíamos pagar -en pequeñas cantidades- como queso azul, parmesano, Gouda, panes tipo baguette, medialunas, pan de chocolate, y vinos franceses súper buenos a menos de 7 dólares, etcétera. Así que, el primer motivo es que para Francia resulta muy conveniente ingresar productos europeos en Sudamérica a través de la Guayana, ya que nadie puede competir con esos precios.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (62)

Por otro lado, consigue tener presencia militar y radares de vigilancia de este lado del mundo, y unos 90000km2 de selva amazónica casi virgen con la que la metrópoli no podría ni soñar en el viejo continente, con la flora y fauna más biodiversa, y una importante reserva hidrográfica gracias a los ríos Maroní y Oiapock.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (66)

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (52)

“Pero cuando ellos votaron eligieron seguir perteneciendo a Francia” era lo que nos repetían nuestros anfitriones de Couchsurfing, franceses metropolitanos todos, cuando Lean, sin filtro para variar, les preguntaba qué opinaban acerca de que su país siguiera poseyendo colonias en la actualidad. En 2010, Sarkozy hizo un referéndum para consultar a la población guayanesa si quería mayor autonomía. Casi el 70% de los votos fue para el no. Pero lo curioso es que menos de la mitad de la población del departamento fue a votar.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (2)

¿Cómo se sentirá la población guayanesa al respecto?

Franceses de la metrópoli

En las tres Guayanas viajamos usando Couchsurfing todo el tiempo, por lo que solo nos hospedamos en casas guyanesas. En la red, la mayoría de los usuarios eran franceses de la metrópoli que estaban trabajando en la Guayana contratados desde Francia. La mayoría compartía casa con otros compatriotas, y trabajaran de lo que trabajaran ganaban muy bien, y se podían permitir mantener el estilo de vida que tenían en Francia, o uno mejor, que era difícil de imaginar para los locales.

Si bien en Cayenne, la capital, no había demasiado para hacer, para los amantes de la naturaleza es el lugar ideal. Además, los vuelos desde Europa hasta aquí son significativamente más baratos que hacia el resto de América del sur, y de los franceses que conocimos, pocos no soñaban con darse una vuelta por América del sur antes de regresar.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (42)

Como siempre, los franceses son anfitriones ejemplares.

Los franceses metropolitanos cuentan con los dedos las actividades que ofrece la Guayana, y disfrutan sus meses o años en el territorio como una experiencia de vida en un pueblito, gozando de poder permitirse una vida sin privaciones.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (7)

Y hasta con mascotas.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (63)

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (64)

Todo tipo de mascotas (una tarántula).

La capital

El atractivo que puede tener un lugar como Guayana francesa, al igual que sus hermanas Guyana y Surinam, es el eclecticismo que se encuentra en cada esquina. Cualquiera que haya estado en el viejo continente sabe que no es Francia, pero ¿qué pasa cuando tampoco parece América del sur? Andando por las calles de la capital se pueden encontrar panaderías francesas con un delicioso olorcito a algo horneado, y en la vereda, rota, a unos chicos jugando al béisbol. Cafés hermosos enfrentados a edificios viejos y quemados, y un mercado local como cualquier otro de América del sur, pero lleno de franceses de la metrópoli comiendo en él.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (4)

Después aparece un Carrefour gigante en una esquina, e infinitos productos importados desde Europa en sus góndolas, y a diez minutos más en auto se abre un sendero para andar por la selva en el medio de la ciudad. Las descripciones del entorno, en francés, la infraestructura, sudamericana. Las rutas, escasas, prolijas y con peajes, el transporte público, casi inexistente. Ni siquiera hay veredas donde los locales -cuya mayoría no tiene auto- puedan caminar bajo el sol.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (5)

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (6)

Palacio de justicia.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (13)

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (12)

“El polvorín”.

La estación espacial

Un no-país sin transporte público que es uno de los únicos lugares de América latina -el otro es Brasil- capaz de ostentar una estación espacial, es de esas cosas que solo suceden en América del sur.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (8)

Cada mes, un cohete sale desde la estación espacial de Kourou, y se puede observar desde hasta 50 km, o en el mirador de Cayenne. Acá es donde fuimos nosotros, junto a unas veinte personas más, e, impuntual -unos minutos después de las 5pm- vimos un palito de fuego ascender dejando una estela blanca en el cielo. No lo sabíamos en ese momento, pero era el ARSAT 2, el segundo satélite argentino de telecomunicaciones en irse del otro lado de la atmósfera. El vuelo duró algunos minutos y se empezó a fundir con el atardecer sobre el mar, y el mate con galletitas. Nuestra anfitriona de Couchsurfing nos había llevado para que lo veamos, mientras ella se encontraba ahí con sus amigos, para ella era mucho más un evento social que otra cosa.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (9)

El mirador de Cayenne.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (70)

El despegue del ARSAT2.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (17)

El dibujo que quedó en el cielo después.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (15)

Atardecer desde el mirador.

El puente

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (53)

Los que estuvieron en Guayana francesa, o saben algo acerca de ella, están al tanto de que para ir de allí a Brasil hay que tomar una lancha y cruzar el río Oiapock. Lo curioso es que hay un puente que une a la Guayana más indefensa con América del sur. Es el único, pero ahí está, y, por el flujo de gente que hay, tampoco es que se necesite mucho más que uno. Cruza el río Oiapock, y une la Amazonía brasilera con la guyanesa. Es un puente nuevo, hermoso y grande. Y está cerrado.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (51)

Del lado francés, ya están todos los papeles en regla, hay oficinas aduaneras con gente trabajando ahí, hay policía fronteriza, y hay una gran carretera impecable que lleva a él. En el centro hay un cono que delimita los dos países, y nos muestra hasta dónde podemos avanzar de cada lado. De la parte brasilera, el asfalto termina justo cuando el puente toca el suelo, y después no hay nada más que tierra.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (39)

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (54)

Por eso terminamos cruzando en lancha.

La minería

Desde 1980 han llegado más de 10000 mineros ilegales desde Brasil para explotar las minas de oro y bauxita de la selva casi virgen guayanesa. El oro, de por sí apreciado casi desde que el hombre es hombre, aquí se paga en euros, lo que, para los brasileros del norte de Brasil, es una oportunidad de trabajo inapreciable, aun considerando la hostilidad de las condiciones.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (34)

El que encuentra el secreto de esta foto se gana una visita guiada por Tigre, Buenos Aires, cuando volvamos a Argentina 😀

Para obtener el oro se usan mercurio y cianuro que terminan en los ríos. El problema está en que, de a poco, el mercurio se va infiltrando en los seres vivos de la selva. Primero en los peces, luego llega a las nutrias, y así recorre toda la cadena alimenticia hasta los humanos. Dentro del organismo, y en cantidades cada vez mayores, el mercurio puede generar defectos de nacimiento y problemas neurológicos, y se ha encontrado que en los seres vivos de esta región está presente en cantidades seis veces mayores a las que debería.

La selva

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (43)

Una de las cosas que más me gustaron de Guayana francesa es que la selva está literalmente en la ciudad. Se pueden encontrar senderos señalizados al costado de la ruta, y en pocos pasos internarse en los ruidos y el calor de la plena selva. Para regresar a la casa, no estuvimos ni diez minutos haciendo dedo que una chica nos levantó y nos dejó a pocas cuadras.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (38)

Empezamos a caminar. En poco tiempo de andar, algunos monos aparecieron en los árboles. Uno, dos, tres. Como en catorce perdí la cuenta, eran cada vez más, y avanzaban con nosotros por el sendero, solo que en lo alto de los árboles. Algunos se paraban a mirarnos muy fijo. Intentábamos no hablar alto, aunque igual no parecía importarles, más bien ellos estaban ahí para vernos a nosotros.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (35)

¿Ven el monito?

Si las fotos que le tomamos a los animales están un poco lejos, es porque nosotros elegimos no ofrecerles un cebo para que se acerquen. Al hacerlo, hubiéramos ganado mejores fotos, pero habríamos puesto a los animales de la selva en riesgo, ya que pueden venir comerciantes ilegales a hacer lo mismo. Cuando visites la selva, protegé a las especies que viven ahí. Y si querés LA foto, siempre podés comprarte un lente teleobjetivo.

Un perezoso apareció mimetizado en un árbol apenas a unos pasos del sendero. Lo vimos subir la rama como durante cinco minutos -y yo creo que se apuró cuando nos vio-. Era grandote y tenía unos brazos larguísimos y un pelaje manchadito muy parecido a la rama de la que colgaba.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (72)

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (71)

Al otro lado del sendero se veía desde arriba la playa, y el mar hasta el horizonte.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (30)

La selva hablaba sola con todos los ruidos que bien podían venir de pájaros, monos, perezosos u otros animales que ni sabíamos que estaban ahí.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (31)

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (45)

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (33)

Miren el tamaño de este árbol.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (32)

Y esta mariposa mimetizada.

La playa

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (61)

La mayor parte de la población se concentra en la playa y los alrededores, conformados por manglares. Si uno mira un mapa del territorio, la zona donde vive más del 95% de la población es una tira finita que bordea la costa. Internándose en la selva solo se pueden encontrar comunidades aborígenes que viven en condiciones bastantes hostiles, y con la constante amenaza de los garimpeiros, o mineros ilegales, en su mayoría provenientes del vecino, Brasil.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (3)

En algunas playas se puede nadar.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (60)

Otras son puro barro.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (69)

Pero en todas el agua es color marrón, como un río.

Las playas de Guayana francesa son marrones y barrosas. Creo que los dos teníamos la idea de que las Guayanas nos esperarían con unas playas caribeñas donde sacarnos la palidez de andar viajando por los Andes, pero tuvimos que esperar un poquito más. En Guayana no pudimos ni siquiera nadar, porque el barro te enterraba antes de llegar al agua.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (67)

Sin embargo, una caminata por la playa es suficiente para disfrutar de la vista, entre los manglares que casi se meten en el agua.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (59)

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (68)

Y los atardeceres.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (14)

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (22)

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (27)

Hacer dedo

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (65)

La noche que llegamos a dedo había luna llena.

Al igual que en las otras Guayanas, hacer dedo en la francesa fue un lujo. Nunca tardaron más de quince minutos en levantarnos, tanto en la ruta como dentro de la ciudad, toda la gente fue súper amable, y pude practicar el francés.

El día que nos fuimos, arrancamos el trayecto con un boliviano que nos dejó en una rotonda. Era el primer boliviano viajero que nos encontrábamos lejos de casa, y hablaba tan buen español como francés, después de haber vivido varios años en París.

En la rotonda que nos levantó tardó poco en detenerse otro auto. Era Adrien, un francés de la metrópoli que trabajaba como policía de frontera, y vivía en el borde entre Guayana y Brasil, del lado francés. Hablaba español, portugués, francés e inglés, y se ofreció a dejarnos cerca de la frontera.

Nosotros habíamos comprado para hacernos sandwiches, y él tenía pan y queso -franceses- para almorzar en el camino también, así que nos detuvimos en la ruta para comer.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (40)

Paramos en un pueblito de pescadores que no tenía más de diez casas.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (41)

Adrien iba cada tanto a la capital para abastecerse de los productos europeos y no tener nada que extrañar.

Mientras le contábamos que nos dirigíamos hacia allá, y que teníamos que tomar la lancha para cruzar el río Oaipock, nos contó del puente que une Guayana con Brasil, y, al ser policía de frontera, hicimos un desvío para ir a conocerlo con él. Eso sí, solo pudimos ir caminando hasta exactamente la mitad del puente, porque ahí se terminaba Francia, y empezaba Brasil (la única que no se sorprendería de que esté hablando de una frontera entre Francia y Brasil sería mi profesora de Geografía, que perdió la fe en mí cuando me la llevé directo a marzo en octavo).

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (49)

Adrien, Lean y el río Oiapock atrás.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (46)

Las oficinas aduaneras francesas, a estrenar.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (48)

El señor cono, guardia fronterizo sin descanso, imponiendo su autoridad irrefutable en la mitad exacta del puente.

Era la tarde cuando llegamos al cruce del río, y Adrien nos ofreció pasar la noche en su casa y llevarnos al día siguiente a la frontera. Vivía en unos departamentos de la policía fronteriza, y nos presentó a sus compañeros.

Como buenos franceses, y con Francia (Guayana francesa) al lado, tenían un acopio de quesos y panes, así que compramos un vino, y fuimos a cenar con él y uno de sus compañeros.

Entre los dos nos contaron que la policía francesa intenta hacer acto de presencia en la selva para controlar la minería ilegal, pero aun para ellos se vuelve muy difícil acceder a ciertas zonas sin que sea extremadamente peligroso. Los garimpeiros tienen su propia ley.

Con Adrien también fuimos a nadar al río.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (56)

Nos explicó que en zonas donde el agua estaba quieta y más estancada podía haber anacondas, pero ahí no porque la corriente tiraba bastante. Lo había aprendido de los aborígenes locales. Por momentos uno se olvida de que está en el Amazonas.

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (57)

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (58)

Guayana-francesa-la-Francia-sudamericana (55)

Así que esto es Guayana francesa. Un no-país con un puente impecable que por temas burocráticos no se puede usar, con una estación espacial con cohetes europeos y rusos, pero casi sin transporte público ni veredas, vinos y quesos franceses más baratos que bananas y arroz, selva dentro de la ciudad, y mineros ilegales robando oro en la selva, franceses metropolitanos cobrando miles de euros en una capital que parece un pueblo, y franco-guyaneses sin pasaporte europeo con salarios sureños. Ahora que el post terminó, ya no cabe duda de en qué lugar del mapamundi estamos, ¿no?

Si quieren leer todas las historias de nuestro paso por las Guyanas, y una guía para recorrerlas, pueden hacerlo acá

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

3 Comentarios en “Guayana francesa: la Francia sudamericana