Diciembre en Lima: antiguía de una ciudad con mar


Cada fin de año desde que viví allá me encuentro pensando en Lima. Fue diferente por muchos motivos. Significaba un momento importante del viaje porque cuando salimos de Buenos Aires nuestro destino no era México sino Lima, donde vivía la hermana de Lean. Era una primera parada donde teníamos a alguien conocido para descansar y ver cómo nos sentíamos viajando y si queríamos seguir adelante. Y para mí, era el primer destino que no conocía. En un viaje anterior había ido al norte argentino, Bolivia y Perú hasta Cusco, o sea que Lima era avanzar más arriba por primera vez.

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En algunas oportunidades durante los dos años -no las suficientes- tuvimos tiempos a solas e hice cosas sin Lean. Uno de los lugares donde más estuve por mi cuenta fue Lima. Y ahora, en diciembre y sin Lean, me vuelven todos los recuerdos de esta ciudad que llegué a amar y odiar. Igual que en Panamá city y en el lago Atitlán de Guatemala, lugares donde viví más de dos meses, todos se llegaron a convertir en mi casa. Y pasada la idealización inicial, en un par de meses, uno llega a ver los defectos, pero en todos los casos acabé queriendo lo bueno y aprendiendo de lo malo. Y viajando, esta es una de las sensaciones más lindas que se puede tener, que un lugar que no es tu casa, quede en tu memoria como tal.

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Era diciembre de 2014 y la ciudad estaba super decorada para Navidad y año nuevo. Yo por primera vez pasaba las fiestas en otro lado que Argentina. Todo era parecido pero en una versión propia. Además, hasta ese momento habíamos viajado muy barato y sin darnos gustos porque estábamos preocupados por cuánto durarían los ahorros. En Lima, gracias al trabajo de Lean y a que nos alojaba su hermana nos permitimos comer más cosas que nos gustaban y vivir un poco más cómodos por unos meses en una ciudad que ofrecía prácticamente todo.

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Tardamos casi cuatro meses en llegar y las primeras dos semanas las pasamos cuidando la casa de la hermana de Lean y a su perrita mientras ella y su esposo se iban de vacaciones. Esa fue nuestra primera vez haciendo Housesitting.

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Como teníamos familia ahí habíamos calculado quedarnos un poco más de tiempo que en otros lugares para trabajar y juntar más plata (de Argentina nos fuimos con ahorros para seis meses -aunque duraron ocho-).

 

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Lean consiguió trabajo como programador para un amigo de su cuñado y yo como mesera en un restaurant de sushi. Terminamos pasando un mes en la casa de la hermana de Lean y uno y medio en una casa compartida donde alquilamos una habitación a través de Couchsurfing.

En pocas semanas, me sumergí en una rutina extraña. Trabajar y vivir en una ciudad grande era como una versión de la vida en Buenos Aires. Pero poco tenían en común las dos capitales. Era la primera vez que vivía en otro país (siquiera en otra ciudad) y todo se sentía diferente.

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Se formó una rutina porque todos los días iba a trabajar a la noche, me levantaba tarde, vivía con sueño y no hacía mucho más que trabajar (no recorría la ciudad porque siempre pensaba que me quedaba mucho tiempo para hacerlo y no escribía en el blog). Pero por otro lado había muchos aspectos que me demostraban que todavía estaba viajando y eso me gustaba: estar en un lugar desconocido, la comida, los buses, el paisaje, tener mar dentro de la ciudad y que mi forma de hablar y de ser fueran diferentes.

El malecón

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La hermana de Lean, que en ese momento estaba embarazada de nuestra hermosa sobrina Lu, me prestó su bici para que fuera y viniera al trabajo. Lima tiene un clima entre templado y caluroso, pero como yo iba al restaurant a última hora de la tarde el calor era soportable.

Diciembre en Lima: guía de una ciudad donde hay que volver 34Pedaleaba todos los días por el malecón viendo el atardecer en el mar.

Vivir en una ciudad con mar me parecía espectacular. Y acá, en Buenos Aires, siento más que nunca la falta. Si Buenos Aires tuviera mar no me iría más. Pero ya sé, no sería Buenos Aires.

 

Conocí la palabra malecón estando de viaje. Es un muro rompeolas. Hay muchas ciudades que lo tienen, y el de Lima me parece especialmente hermoso. De camino al trabajo me cruzaba mucha gente andando en bici, rollers y caminando. Algunos paseaban por el Larcomar, un shopping con vista a la costa y lleno de locales de marcas internacionales.

Diciembre en Lima: guía de una ciudad donde hay que volver 3Un Lean a contraluz en el Larcomar

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El parque de los gatos

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El parque Kennedy está en el centro de Miraflores, uno de los barrios más turísticos de la ciudad. Y tiene una particularidad que casi casi lo hacía mi lugar en el mundo: estaba lleno de gatos.

Diciembre en Lima: guía de una ciudad donde hay que volver 5Lleno
Diciembre en Lima: guía de una ciudad donde hay que volver 6de
Diciembre en Lima: guía de una ciudad donde hay que volver 7gatos.
Diciembre en Lima: guía de una ciudad donde hay que volver 8Había una fundación que se ocupaba de alimentarlos, mantenerlos sanos y darlos en adopción.

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Como en muchos lugares de América latina, a cualquier hora que se visitara el parque se encontraba gente caminando, charlando, chapando, sentados, parados, viendo un show callejero o incluso copándose con la música. Estaba lleno de árboles y era muy fresco en los mediodías inclementes de la cuidad.

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Diciembre en Lima: guía de una ciudad donde hay que volver 10Los fines de semana aparecían artesanos y pintores vendiendo sus cosas
Diciembre en Lima: guía de una ciudad donde hay que volver 11La gente se juntaba a bailar
Diciembre en Lima: guía de una ciudad donde hay que volver 12Más gatos

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Starbucks sobre 28 de julio

Lo que más recuerdo en esta época del año. Tardes enteras en el Starbucks de la calle 28 de julio con los villancicos y los vasos con motivos navideños. Lean trabajaba ahí con su compu casi todos los días y yo algunas tardes iba a hacerle compañía de camino a mi trabajo. Sobre esa calle, de veredas donde brotaban jacarandas y andaban palomas de ojos azules, había muchos locales bonitos, edificios lujosos y autos caros. Era la zona de las oficinas. Pocas cuadras más hacia el centro ya empezaba la avenida Larco, el tránsito pesado, los casinos y el ruido más intenso de la ciudad, pero esa calle se conservaba tranquila y caminar por ahí hasta mi trabajo era casi pasear.

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A veces extraño en Buenos Aires la sensación que dan otras capitales de igual ser grandes y tener de todo pero transmitir una paz que acá no se encuentra. Quizás sea el mar. Tener esa naturaleza intravenosa rodeando la ciudad da otro ritmo. Por más loco y estresado que estés, cuando girás la cabeza hacia el agua algo adentro te baja un cambio.

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Más de Lima
    • La bioferia

En el Parque Reducto los fines de semana se ponen stands de comida y productos orgánicos. Aplausos al helado artesanal y los quesos de cabra con aromáticas.

    • Barranco

Es uno de los barrios más atractivos para los turistas porque concentra hostels, bares bonitos y peatonales con artesanos, música, pintura y baile.

    • Comida

Sí o sí probar ceviche (para los vegetarianos hay de mango), causa, lomo saltado y cualquier otra comida típica.

Una opción más barata es el arroz chaufa en Chifas, restaurantes fusión peruano china.

Si da el presupuesto zarparse con una hamburguesa de Papacho’s (hay vegetarianas), son una locura.

Sí o sí probar pisco sour y/o maracuyá sour.

 

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