América latina: seamos realistas y hagamos lo imposible 1


Antes de salir de viaje sabía por un lado que me iba a encontrar con todos estos lugares espectaculares: vistas heladas de la puna andina, playas caribeñas, cerros con colores impresionantes, ciudades coloniales y volcanes imponentes. Por otro lado, sabía que iba a viajar por América latina, y además, ya había viajado por Bolivia y por Perú, me figuraba que iba a encontrar cosas que no fueran bellas, y que ilustraran las problemáticas que vivimos diariamente, en muy distintas medidas, los “países del tercer mundo”.

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Oasis de Sangalle, Perú

Pero como con casi todo lo que uno imagina antes del viaje, sucede que luego la realidad termina siendo una cosa totalmente distinta. Quizás tiene la esencia de lo que imaginábamos, pero cuando se materializa, está contada de una manera tan diferente que acaba siendo otra historia.

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Granada, Nicaragua

Es difícil enfrentarnos con esas realidades. Muchas son peor de lo que imaginábamos, y todas engendran una trama mucho más compleja de la que podamos entender a fondo en unas pocas semanas en el lugar. Tal como en la vida, no hay buenos y malos, y si bien puede resultar fácil simplificar todo lo que conocemos a eso, y etiquetar a los sucesos de la historia de acuerdo a los dos títulos, no vamos a estar siendo sinceros ni justos, solo nos vamos a estar vendiendo a nosotros mismos una historia que suena bien cuando la contamos.

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Cusco, Perú

Bolivia fue el primer país donde empecé a ver que la vida era tan distinta a la que yo imaginaba. Las minas de Potosí me dejaron un profundo desvelo, lo mucho que me costaba acomodar mi estómago a sus medidas de higiene alimenticia me hacía pensar en que ellos tampoco merecían meter todos esos parásitos en su organismo, las montañas de basura en la calle y los niños jugando sobre ellas, o sus madres haciendo pis al lado, las mujeres de cualquier edad trabajando bajo el sol y cargando un peso en la espalda igual al de los hombres. También fue Bolivia el lugar donde encontré viajeros hablándome de cómo y por qué Bolivia es un matriarcado, o de cómo se percibe la hermandad latinoamericana, y el auténtico apego a las raíces y a la cultura originaria. Algo de esto es verdad, pero solo una parte. No suena natural comparar la invasión colonialista en Bolivia con la de Argentina, es relativo hablar de un pasado común, es extraño referirse a ellos como hermanos si estamos dispuestos escuchar lo que tienen para decir sobre nosotros.

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Quito, Ecuador

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Quito, Ecuador

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Granada, Nicaragua

Quizás es fácil recurrir a ese lugar común casi fantástico, para poder seguir adelante en el viaje y no irse con esa sensación de desasosiego, de haberlo visto todo, y no haber hecho nada para cambiarlo. Pero es tan irreal como pensar que en un viaje así todo va a ser bueno. No, estos viajes son la vida. Hay cosas buenas y malas, hasta hay cosas que odiás, y eso no lo hace peor, solo lo hace real, y, ¿qué te hace sentir más vivo que algo que se siente real? Como el amor, como la capacidad de empatizar con el otro, como entenderlo en su complejidad, aún si hay mecanismos de su entramado que no llegás a entender como funcionan, por falta de tiempo o contexto, y hacen que parezca tan distinta a la tuya, distinta no es peor. Qué mejor que aprender a “sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”, para ponerlo en una frase que no es mía.

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Granada, Nicaragua

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Quito, Ecuador

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Irte de un lugar habiendo visto tanto y sintiendo que no hiciste nada es una mierda. Pero peor es irte engañándote, convenciéndote de que no estaba tan mal como te pareció, encontrándole la poesía a esa desgracia, convirtiendo el caos en algo hermoso. Es fácil, porque no vivirla todos los días hace que le podamos ver la poesía, que sin dudas la tiene. Pero fácil no es correcto. No siempre necesitamos encontrarle el lado bueno a esas cosas. Se necesita valentía para entender que eso es así, aceptarlo como una realidad, aún cuando nos hiere que así sea. Y es lo ideal comenzar a sentirnos parte de ella, a adoptarla como nuestra cotidianidad, aun después de habernos ido, recordarla vivamente, sentirla adentro, y todo aunque duela.

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Granada, Nicaragua

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Cusco, Perú

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Granada, Nicaragua

La última vez que todos estos sentimientos se me enroscaron en las tripas fue en Nicaragua. El país se me metía debajo de la piel, me enamoraba más cada día que pasaba en él, y a la vez me mostraba todas sus heridas y yo me sentía incapaz de hacer nada, de comprenderlo íntegramente siquiera. A veces tenía tanta confusión o frustración que se me nublaba la mente. Tampoco podía sentarme a escribir sobre eso, porque no tenía nada bueno que decir al respecto. Le buscaba el lado positivo, la moraleja, el broche de esperanza, y solo encontraba realidad. Una realidad fea, imperfecta, injusta, desbalanceada, y dolorosa.

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León, Nicaragua

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Arequipa, Perú

Si nos convencemos de lo poético en una dispar lucha diaria, de lo bello en la falta de oportunidades, de la utopía en el escaso acceso a las necesidades básicas (educación, salud, agua limpia), si lo idealizamos, y vemos lo que queremos ver, estamos invisibilizando el problema, tanto como aquellos que nunca salen a conocerlo, ni quieren escuchar sobre él. Quizás nos convenzamos tanto, que logremos irnos en paz, pero no hay que olvidar que “el conocimiento nos hace responsables”.

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Ica, Perú

Y sí, quizás es cierto que si nos vamos cargándolo en la mochila nos carcoma un poco, pero seguro algún día vamos a ser los que luchen por cambiarlo. Bolivia –y es solo por poner un ejemplo- es un país espectacular, pero como muchos otros de América latina, vive diariamente injusticias que no merece. Y más allá de buscar a los culpables, de etiquetar como malos a unos y santos a otros, hay que tratar de, primero, comprender esa realidad como conflicto y no como belleza exótica o parte del paisaje, segundo, desentramar las implicaciones que entran en ese lío, entenderlo a fondo, y tercero, pensar cómo nosotros, en nuestra pequeñez de persona, y en nuestra inmensidad de ser, podemos ayudar para cambiarlo, porque “son los pueblos quienes se liberan a sí mismos”. A diferencia de hace cincuenta años, hoy es más difícil encontrar con obviedad al “malo de la película”. Podemos mirar hacia el norte en su búsqueda, pero cuando después conocemos los países de donde salen, por ejemplo, los “mojados” para buscar un futuro mejor, y vemos las no-oportunidades que se brindan a su pueblo, el tema adquiere una profundidad difícil de dualizar. Visitar el museo de la revolución en Nicaragua es inspirador, sí, pero ¿nuestra respuesta hoy en día es tomar armas?, sería -de acuerdo al dicho colombiano- como “pelea de Toche con guayaba madura”, y Latinoamérica ya tiene un gran déficit de derramamiento de sangre. Las revoluciones de nuestra época tocan desde lo individual, desde lo pequeño, desde lo inmaterial. Es nuestra responsabilidad descubrir el cómo, crear el cómo, y será distinto para cada viajero, “pero la juventud tiene que crear. Una juventud que no crea es una anomalía realmente.”

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Arequipa, Perú

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Quito, Ecuador

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Cusco, Perú

A lo largo de América latina me sentí mal por cientos de situaciones, encontré miles de causas, y me reproché muchísimas veces no haberme quedado un tiempo en un lugar para involucrarme en una. Con el tiempo, comprendí que no era mi momento, mi tiempo todavía no llegó. Pasé gran parte del viaje en una lucha interna, convertí mi “escape” en un viaje, en una gran experiencia, en la vida, y si bien me detuve a mirar a mi alrededor muchas veces, no pude parar nunca, siempre tuve que seguir avanzando.

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Quito, Ecuador

Quizás muchos viajeros tuvieron estas inquietudes, quizás muchos se sintieron estar de paso, pero les quedó una culpa por no hacer algo por lo que veían. Pero si el llamado interno no llega, está bien seguir. Nos llevaremos esa problemática en la cabeza, la dejaremos madurar, y el día en que nos toque encontrar nuestra causa de lucha, toda esta información y experiencia estará ahí esperándonos, y será el momento de que “seamos realistas y hagamos lo imposible” por todo eso que hemos aprendido, y nos hemos negado a naturalizar.


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Un comentario en “América latina: seamos realistas y hagamos lo imposible

  • Priscilla

    Gracias por estas palabras Agus, disfruté mucho leerte desde un día frío y nublado en Costa Rica. Me encanta lo que aprendes en tu viaje y desde ya imagino que este “escape” será fuente de inspiración para tus proyectos de vida. Saludos de la familia.